divendres, 5 de desembre del 2008

POST-IT’s ciudades Ocasionales

En marzo de este año, el CCCB montó una exposición titulada: Post-it City. Ciudades ocasionales .

El concepto de post-it city designa distintas ocupaciones temporales del espacio público, ya sean de carácter comercial, lúdico, sexual o de cualquier otra índole, con la característica común de apenas dejar rastro y de autogestionar sus apariciones y desapariciones.

Los fenómenos post-it city ponen de relieve la realidad del territorio urbano como el lugar donde, de forma legítima, se solapan distintos usos y situaciones, en oposición a las crecientes presiones para homogeneizar el espacio público. Frente a los ideales de la ciudad como lugar de consenso y consumo, las ocupaciones temporales del espacio rescatan el valor de uso, desvelan distintas necesidades y carencias que afectan a determinados colectivos. Se trata de un proyecto que nos conduce a una serie de temas de especial interés para la cultura contemporánea: la necesidad de crear espacios disponibles, la versatilidad de la idea de reciclaje, la emergencia de nuevas subjetividades, etc.

Mucho de lo que Antonella me explicó se ve en los siguientes ejemplos:
. Taipei es una ciudad con un uso muy versátil del espacio, ya que se destina a múltiples usos en función del tiempo. Con dispositivos arquitectónicos especiales se crean miniciudades temporales, a base de stands transportables, que se pueden desplazar y conectar a las fuentes de suministro de agua y electricidad. Las actividades temporales –como los mercados– transforman el espacio público de acuerdo con unos patrones organizados según diferentes factores de distribución.

. Restaurantes móviles en Hanoi La comida en la calle es un fenómeno rápido y no controlado, una migración rural espontánea y temporal hacia un servicio de comida a la carta abierto las veinticuatro horas. Cada día, en Hanoi más de dos mil mujeres circulan por las calles vendiendo una especie de sopa de fideos especial –el Pho Bo–, una mezcla de soja, espaguetis, verduras, carne de cerdo o de vaca y caldo caliente. Hemos calculado el consumo diario de este servicio en más de 120.000 litros, que equivalen a dos veces la cantidad de agua que un campo de fútbol necesita los días de verano para no quedarse seco.
Cada unidad es constituida por una mujer que carga a hombros una vara de bambú de cuyos extremos cuelgan dos recipientes: a uno de los lados lleva la olla de la sopa con palillos chinos, cucharas y cuanto sea menester para comer; al otro, amontonados en orden, tamburetes pequeños y de colores, de diez centímetros de altura. Este tipo de minitaburetes produce una utilización temporal del espacio, como los restaurantes parásitos directamente plantados en medio del camino, para un máximo de diez personas.


. Microindustrias en Nairobi En medio de una zona residencial de la ciudad, mucha gente vende flores y plantas por la calle. Entre plantas y cañas de bambú han surgido estos viveros improvisados. Alfareros, un taller mecánico, casas de comidas. Los unos sobre los otros, estos post-it crean un entramado económico y social particular, una red, un colectivo. Hoy tres empresas reclaman derechos de propiedad sobre diferentes partes de los terrenos en los que se instalaron estos horticultores, que dan trabajo a más de ochocientas personas. El caso, sin embargo, parece estar atascado en los juzgados, en una serie interminable de apelaciones y contra apelaciones. Se proyecta la ampliación de una iglesia presbiteriana, un nuevo centro comercial y la construcción de un gran complejo de apartamentos. Con el consentimiento tácito de las autoridades, estas empresas entraron una noche y arrasaron con todo lo que encontraron, con el resultado de grandes destrozos causados a los viveros.


. Efectos personales de los inmigrantes afganos Garde l’Est presenta la inolvidable imagen de hatillos anidando en los árboles parisinos. Los hatillos son los efectos personales de los inmigrantes afganos. En julio de 2005, los troncos de los árboles conectan dos realidades paralelas: la de la sociedad francesa y la de los inmigrantes ilegales, anónimos y desplazados. Mientras viven en la ciudad, si bien al margen de ésta, a menudo son gente que espera: otro empleo esporádico, la reanudación de su viaje. Muy lejos de sus raíces, la suspensión física y mental de los inmigrantes, se manifiesta en sus pertenencias colgadas de los árboles.

. Un último ejemplo de esta exposición, el de La ciudad jubilada (Barcelona) «Jubilar», según el Diccionario de la Real Academia Española es tanto «desechar algo por inútil» como «alegrarse, regocijarse». La ciudad jubilada es aquella que nace y se reinventa a partir de sus desechos, reivindicando y celebrando otros modos de ser y hacer.
El proyecto documenta los huertos informales en los ríos de la periferia de Barcelona, con el fin de reflexionar sobre diversas realidades representativas de la ciudad y de la sociedad contemporánea. La tesis principal del libro es que los huertos informales florecen a partir del encuentro de tres residuos: el sistema de planificación del territorio genera vacíos paralelos a las infraestructuras; los ciudadanos jubilados que entendemos como residuos del sistema laboral; y los residuos materiales, la basura que el mismo sistema de producción vierte y que se puede encontrar en rincones de la periferia. Si estos tres elementos residuales se encuentran en una tierra mínimamente fértil entonces el huerto está servido.


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